La IA se nutre de información y datos. Y, entre ellos, por supuesto de datos personales, lo cual plantea desafíos importantes a nivel ético y legal.
Cada vez somos más quienes, tanto en nuestro ámbito personal como profesional o empresarial, utilizamos soluciones de inteligencia artificial para todo tipo de tareas, por lo que es fundamental tener en cuenta cómo gestionamos la información, qué datos le estamos aportando a estas herramientas y qué relación tiene todo esto con el cumplimiento de la normativa de protección de datos en España y Europa. Cumplir con estas normas es clave para proteger los derechos de las personas y, en un escenario profesional, la reputación de tu organización.
Datos personales e IA: cómo se relacionan
Para usar la inteligencia artificial de forma ética y cumplidora, primero es esencial identificar qué tipo de datos pueden utilizarse. Según el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), cualquier información que permita identificar a una persona, sea directa o indirectamente, de forma más o menos sencilla, se considera dato personal, por lo que su tratamiento está sometido a la normativa de protección de datos. Esto es relevante porque, en el momento en que proporcionamos algún tipo de información personal al usar sistemas de inteligencia artificial, tenemos que plantearnos sus implicaciones legales y éticas.
En España, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ofrece guías prácticas sobre cómo manejar datos personales de forma segura. Esto se vuelve especialmente importante en sectores sensibles como la salud, la educación o los servicios financieros, donde el uso indebido puede tener consecuencias considerablemente importantes. Una de estas guías precisamente trata sobre la adecuación al RGPD de tratamientos que incorporen inteligencia artificial
Al usar IA, es fundamental ser transparente e informar
Uno de los pilares de la ética en el uso de la IA es la transparencia. Si, como profesional o parte de una empresa, utilizas inteligencia artificial en tus procesos, es fundamental que informes a los usuarios de para qué la estás usando, qué implicaciones tiene sobre ellos o sobre su información y de qué forma se procesa esta. Las organizaciones tienen que estar preparadas para poder explicar de forma comprensible cómo funcionan sus sistemas y qué decisiones pueden derivar de ellos. Y el usuario o cliente, cuando interactúa de alguna manera con un sistema de de este tipo tiene que tenerlo claro y recibir información sobre ello.
No lo olvides: la transparencia es una garantía.
Ética en el desarrollo y uso de la inteligencia artificial
La IA se nutre de datos, pero no todos los datos son iguales ni todos los usos son responsables. La ética en su uso implica evitar sesgos discriminatorios, respetar la diversidad y evaluar continuamente los modelos para detectar errores o injusticias. Incorporar supervisión humana, auditar los algoritmos y revisar los resultados periódicamente son prácticas recomendables para garantizar un uso responsable y evitar situaciones de riesgo o que puedan derivar en un perjuicio para las personas con las que te relacionas o cuya información tratas.
Documentación y trazabilidad en el uso de estos sistemas
Una de las máximas del RGPD es la obligación para las organizaciones de ser capaces de mantener un registro detallado de los tratamientos de datos que realizan: qué se recopila, cómo se almacena, quién tiene acceso y durante cuánto tiempo se conserva. Este registro no solo facilita la respuesta a solicitudes de los usuarios , sino que también ayuda a demostrar el cumplimiento normativo, por ejemplo, ante una auditoría. La documentación rigurosa es esencial en cualquier proyecto de inteligencia artificial, especialmente cuando involucra datos personales.
Seguridad de los datos personales al usar inteligencia artificial
La inteligencia artificial se nutre de datos, eso lo tenemos claro: se entrena, arroja resultados y proporciona utilidad gracias, precisamente, a la información que le proporcionamos. Pero esos datos solo estarán siendo tratados correctamente si están correctamente protegidos. Es indispensable que, antes de implementar una nueva solución de inteligencia artificial dentro de tu organización, valores su impacto, algo que en protección de datos llamamos privacidad desde el diseño.
Esto pasa por analizar cuidadosamente la herramienta y al proveedor que la proporciona, siempre antes de ponerla en funcionamiento. Revisar si es segura, dónde se ubica la información e implementar todas las medidas de seguridad posibles, para evitar filtraciones o usos indebidos. O, incluso, para evitar gastar tiempo, dinero y recursos en contratar herramientas que no aportan estas garantís y que al final constituyen una pérdida y un riesgo.
Formación y cultura: tu equipo debe usar la IA responsablemente
Igual que es importante aplicar medidas de seguridad, un uso ético y cumplidor de la inteligencia artificial requiere capacitación continua. Los equipos que desarrollan, gestionan o utilizan estos sistemas deben conocer los requisitos legales, buenas prácticas y riesgos asociados. Una buena práctica, que siempre beneficia a nivel de seguridad y confidencialidad, es anonimizar la información que vuelcas en el sistema.
Ejemplo: vas a utilizar una herramienta que integra inteligencia artificial (ChatGPT, Gemini, Perplexity, Copilot, o tantas otras) para ayudarte a realizar un resumen, esquematizar un proyecto o redactar un correo para un cliente. Asegúrate entonces de anonimizar cualquier información, nombre o similar que permita identificar al cliente, evita proporcionar esa información al sistema.
Fomentar una cultura de responsabilidad ética en torno a la inteligencia artificial fortalece la confianza de clientes, usuarios y reguladores, y asegura decisiones más justas y responsables.
Antes de que te marches…
La inteligencia artificial se nutre de datos, sí, y eso es inevitable. Pero su potencial solo se realiza de manera ética y legal si se respeta la normativa de protección de datos y seguridad de la información, y se adoptan principios claros de responsabilidad. Transparencia, minimización de riesgos, documentación, seguridad y formación son los pilares para un uso responsable. Aplicar estos principios no solo evita sanciones, sino que también construye sistemas de inteligencia artificial confiables, justos y sostenibles.
¿Todo esto te suena extraño o te estamos hablando de temas de los que hasta ahora no te habías preocupado? No te preocupes, aquí estamos para ayudarte: no dudes en contactar con nosotros si necesitas asesoría especializada.
P.D. Si quieres saber un poco más sobre IA, el uso que le damos y nuestra responsabilidad como usuarios, recuerda que en este otro artículo ya filosofamos un poco sobre las preguntas “estúpidas” que le hacemos a la IA y sus riesgos… En cualquier caso, mantente atento, porque la IA está a la orden del d-IA (perdón por el chiste malo, no podíamos evitarlo) y seguiremos hablando sobre ella.